Aventura ciclista en la nebulosa de Tordesillas

Ficticios paisajes en un día de mentira, la niebla acentuando la absoluta sensación de irrealidad que trasladan los miles de luces, de ruedas girando, en la autovía. Brillos hacia la cortina de raso blanco que lo envuelve todo, que todo lo niega. Tordesillas como certeza, sin embargo un lugar con más preguntas que respuestas. La tierra, el agua, el barro. La aventura de buscar, si no se perdió para siempre, algo de verdad en esta nebulosa.

Ciclistas en la bruma

La gente de http://runvasport.es que ha venido a montar el arco de meta y las vallas para la salida vio amanecer esta pequeña plaza, su decoración extra, el adoquín húmedo, los soportales vacíos. Un cobarde sol se frota ahora los ojos ante el desfile de ciclistas por las estrechas calles que desembocan aquí. Mariano Pardo, mucho tiempo después, reivindicando su edad y su condición. Mariano Rodríguez, un año más con sus amigos. Gente de pueblos cercanos, de la capital y de mucho más allá. Gente diversa con diferentes puntos de vista deambula en busca del dorsal que los iguale, durante unos pocos metros, a todos. Xabi, Rubén, Jorge, Marchena… De rojo, de corto, de Tordesillas, Óscar. Ya salen, casi 300, bajo finísimas gotas de agua fría.

Un caramelo

Santiago conoce el camino que lleva a la rotonda de salida. Allí se bajan un fotógrafo y el cámara de televisión, para recoger las primeras imágenes, los primeros movimientos. El gran grupo se va estirando, la mano de Samuel indica el camino a su derecha y hacia la tierra marrón enfilan los manillares, sinfonía incompleta de goma blanda y crujiente.

Santiago conoce el camino que lleva a Bercero. Allí se bajan un fotógrafo y el cámara de televisión, a esperar entre la niebla. Desde la altura, nada. El pequeño pueblo ha desaparecido y solo el viento, a veces, viene a visitar la cima. Tierras donde el arado ya hizo su trabajo y pinos jóvenes, los cardos marchitos, erguidos como lanzas que reciben al guerrero flanqueando el camino. Bocanadas de aire sobre el barro blanco, aparece Jesús Marchena, tratando de ganar ventaja cuesta arriba. Muy cerca, su compañero y paisano Jorge Turrado. Sentado en la bici, gafas oscuras, rostro en apariencia relajado, Noel Martín.

Pulgares arriba y sonrisas. El joven Raúl, Esteve, Antonio, Amara. La cuesta es dura, pero la mayoría de los participantes completa el recorrido sobre la bicicleta. A pocos metros del final, Reyes Domínguez echa el pie a tierra. Sin dar tiempo a las lamentaciones, vuelve a la aventura, hacia Velilla.

Avituallamiento

Santiago conoce a los funcionarios de Medio Ambiente que han asistido como público cualificado en este tramo de La Páramos 2018. Cuando duda en un cruce de caminos, no tiene problema en esperar al vehículo verde y blanco y seguir su estela hasta Velilla, primer avituallamiento. Protección Civil se ha esmerado en este punto, hasta pivotes luminosos han colocado para hacer más visible el trayecto. Dejando atrás sus chalecos naranjas, cuesta abajo, primera parada para tomar líquido, un plátano.

Velliza

Santiago conoce los caminos de Velliza, porque nació en este pueblo. La subida que ha preparado aquí Fernando Carrasco congrega a un grupo de aficionados. Entre voces de ánimo envueltas en socarronería y buen humor, los ciclistas tratan de adaptar el paso a la resbaladiza hierba mojada y al barro. La niebla, de fondo, contempla el rosario de participantes cuesta arriba. Con mucho esfuerzo atacan la subida los primeros, más experimentados y en mejor forma física. Los menos preparados optan por hacer una parte de la cuesta a pie, reservando energía para más adelante. 

Huevos fritos

Extraños tiempos en los que se cuentan las historias con un teléfono. Sin mayor preocupación, dejamos hablar a la imagen, que tiene todos los significados y no significa nada. La foto no transmite el olor ni el sabor. Y, desde luego, no transmite la sensación del momento, los sonidos, el tacto del ‘estar allí’, el viento en la cara. Aunque, para cada situación, tiene que haber alguien, fastidiando detrás de una pantallita, para filtrar una parte de lo acontecido.

Dos montes de tortilla de patata cortada en polígonos irregulares. Como contraste, perfecta formación de cuadrados de empanada dispuestos en riguroso orden. Bandeja de huevos fritos colocada en lugar preferente, la víctima preferida de este segundo avituallamiento. En mesa alta circular, vasos de plástico, la señora cerveza aguarda el desenlace de esta batalla desigual. Ganan los ciclistas. Gana La Páramos. 

Aventura en la senda del Duero

Hay que hacerle más caso a los ríos. Los árboles de Tordesillas ya lo saben, por eso se inclinan, tratando de escuchar su voz. O tal vez solo se están mirando en su espejo, hoy tranquilo y gris. Por el estrecho desfiladero transitan los ciclistas en este bonito último tramo de la marcha, antes de entrar en el casco urbano. Salvo alguna caída en un sube y baja con escalones, el paso de los participantes se desarrolla placentero, bajo la bóveda de chopos, sobre las hojas húmedas de un otoño que se despide.

El de las fotos también se va. Antes, recibe la visita de dos caminantes, preocupados por el paso de algún vehículo a motor en esta estrecha senda, guiando a los ciclistas. Aunque resultaría físicamente imposible, una explicación con cierto detalle les deja más tranquilos (“aquí ya llegan ellos solos, aparte de que el quad no podría pasar”). La organización y el desarrollo de marchas cicloturistas, lejos de degradar el entorno, lo cuidan y lo ponen en valor. Esto no se lo digo, que se apunten a la siguiente y lo comprueben con sus propios ojos. Que lo huelan en el aire, que lo toquen en la hierba y lo escuchen en las pedaladas. Que lo saboreen con un par de huevos. Fritos.

 

 

 

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