Cuesta abajo en la IV Marcha BTT de Santovenia de Pisuerga

El parque de El Remuel, a la entrada del pueblo desde Valladolid, se llena de ciclistas en esta IV Marcha Benéfica BTT de Santovenia. Todo parece premonitorio de algo esta mañana, todos los senderos van cuesta abajo, como el camino asfaltado que baja hacia el río, cerca del parque. Para confirmar el absurdo argumento, los colores azul y amarillo de Burricos Bike. Coque, Charly y el resto saben elegir el tipo de marcha que les gusta. Unos datos para empezar:

Número de inscritos: En http://runvasport.es/ se cuentan 235 participantes.Todo lo que sea, a día de hoy, superar los 200, lo considero un éxito de participación. Más en este caso, con ‘solo’ tres ediciones anteriores.

Participación femenina: Virginia, Mónica, Sara, Victoria, Helena, Susana, Inmaculada y Fer. Un muy mejorable tres por ciento. Se declara abierto el concurso de ideas para atraer más mujeres a esta marchas.

Variedad de origen: Mucha gente del Peñafiel Team. También de Carbonero Bike y el negro y amarillo de Dueñas, gente acostumbrada a los senderos estrechos con peligrosas bajadas. Y La Grupeta, echando una mano en tareas de organización

Una distancia: Un acierto. Se cambió el recorrido respecto a la edición anterior, mejorando los accesos en la llegada y con una salida más lógica. Terminar en el parque, dentro del casco urbano, siempre es mejor que un final en medio del polígono industrial.

Sol… y buen tiempo: Gente de corto en su mayoría, a pesar del fresquito mañanero, que pronto se convirtió en calor. Ni una nube vino a visitar la marcha, solo una brisa primaveral levantado el polvo de los caminos. Cielo azul. Ya puedes dar la salida, Rocío.

Abraham

“No sé como haces para llegar a tantos sitios, tienes una máquina del tiempo o algo”. La realidad, más prosaica, es un Corsa azul que vivió tiempos mejores. Pero dados mis escasos recursos poéticos me guardo la metáfora. Más que eso, la convierto en la guía, en el hilo conductor de esta pequeña historia cuesta abajo. Gracias al ciclista de la frase entrecomillada, que creo que fue Alberto, de los BTTros.

La máquina del tiempo la conduce Abraham. Tras sortear un camino que algún tractor convirtió en dos largas simas de medio metro de profundidad, parada en la fábrica de harinas frente a Renedo. Pegados a la valla que delimita el terreno militar, pasan los primeros, Javi Aguado al frente. La larga hilera de ciclistas gira a la izquierda para rodear la fábrica y seguir paralelos a la base Empecinado durante unos metros. 

Diego

Diego, del MTB La Pililla de Montemayor, cuesta abajo.

Mataherreros

Siguiendo las indicaciones del GPS y recordando a los familiares de los fundadores de Google en algún cruce, Abraham maneja los mandos de la máquina hacia el siguiente destino. Una cuesta abajo larga después de una zona de pinar, que lleva a una pista ancha. La zona más bonita, en mi opinión, de lo que vamos a ver hoy. Mientras esperamos en el cruce, llega un hombre con gorra marrón y chaqueta azul, tiene que ser un vecino de Castronuevo. Resultará la única persona ajena a la marcha con la que tengamos la oportunidad de hablar esta mañana.

Antes de la bajada, a la izquierda, empieza a dibujarse una fila de pequeñas hormigas de colores que arrastran su bicicleta hacia arriba. La inmensa mayoría con el pie en tierra. Los que andan con fuerzas y técnica suficientes para encarar la cuesta con garantías, se ven frenados a veces por el mucho tráfico que se acumula en la cuesta. Tierra seca, polvo suelto… muy difícil subir, imposible, comenta Michael.

Tengo que saber cómo se llama esa cuesta para escribirlo ahora. “Mataherreros”, responde el vecino. “Creo que la llaman así, Mataherreros”. La cara con la que pronuncia me hace desconfiar un poco, pero no tengo manera de asegurarme. Por otro lado, el nombre suena tan apropiado para la situación que, sin pensarlo más, lo incorporo a la historia. Eso sí, invito a cualquier vecino de Castronuevo o algún pueblo cercano, si lee esto, a que me dé otra versión del nombre, tal vez más ajustada a la realidad.

San Martín de Valvení

El pueblo con la menor cobertura de telefonía móvil del universo recibe a los ciclistas. Las normas de la prueba, que recordó Rocío en la salida, exigen parar cinco minutos aquí. Los voluntarios del avituallamiento aseguran que casi todo el mundo para… aunque siempre hay gente que no soporta las interrupciones y avanza hacia el tramo con premio. El jamón se lo lleva Álvaro Nieto, de Peñafiel. Un joven ciclista al que hay que tener en cuenta. El segundo mejor tiempo de este tramo lo marcan los 24 años de Christian Villalba.

Álvaro no había nacido cuando Adolfo y Arturo empezaron a dar pedales. Hoy coinciden en esta marcha, seguramente con objetivos distintos. Adolfo trata de ‘picar’ a  su compañero Nacho para intentar llevarse el jamón. Ya salen hacia la cuesta. Después, Manu, con Víctor. Volvamos con Abraham a la máquina del tiempo. Rumbo a Los Cortados de Cabezón.

La caja de las mariposas

Tremenda cuesta abajo la que se nos presenta. Dos trayectorias posibles: a la izquierda, siempre en el sentido de la marcha de los ciclistas, toboganes y terreno irregular. A su derecha, bajada más suave hasta la rampa final, escalón incluido para intentar volar un metro.

No se ven muchos pájaros por aquí. Nos cruzamos con un par de conejos, el terreno arcilloso está lleno de agujeros. Entre los árboles del pinar, mariposas verdes con el borde negro de las alas revoloteando nerviosas. 

Ahí viene Christian, muy seguro y a buen ritmo. La cabeza de la marcha pasa levantando el polvo blanco del camino. Derrape en la curva, frenos y a seguir. Son las 11:30 de la mañana.

Van pasando, interminable hilera de ciclistas. Poco a poco, minuto a minuto. Ya no sé dónde ponerme para no hacer la misma foto 200 veces. Tal vez si me acercara a esa cuesta que se ve a lo lejos… No, es llano y está demasiado lejos. 

Alberto Serrano, de Frutas Paula, es un experimentado ciclista. Viene bajando deprisa, pero con seguridad y sin arriesgar más de lo necesario. Michael Affabili también lleva muchos kilómetros en sus piernas. El de La Grupeta avanza con la postura característica de quien ha bajado por aquí unas cuantas veces, unos metros por detrás. Se acerca. Cuando tengo enfocado a Alberto, en el escalón final del descenso, cuando despega las dos ruedas de la tierra, una mancha negra se cuela entre nosotros dos y el objetivo. A toda velocidad, Mika sobrepasa a un impasible Alberto en pleno vuelo y se cruza en su trayectoria. La propia velocidad de Michael evita el choque, porque sale como una bala hacia abajo sin que Alberto se le acerque. Vuelve sobre sus pasos para disculparse por la maniobra, pero no parece que Alberto le dé mayor importancia a lo que acaba de suceder. Después, Mika El Temerario comenta la circunstancia, todavía con el pulso acelerado. Respira y continúa hacia el final de la marcha.

Ya llegan los últimos, un ciclista que cayó en una bajada, más atrás. El polvo que acumula en la piel deja ver rasguños en el pómulo, nada grave. Antes de que pase la moto cerrando la marcha, un participante que quiere llegar a Santovenia a pesar de los tirones y el cansancio acumulado durante más de 60 kilómetros.

Gente contenta

Antes de volver, Abraham y Nelson recogen unas señales en la carretera y retiran algunas cintas. En El Remuel ya han comenzado los sorteos y la circulación de refrescos. El sol invita a quedarse aquí charlando con Diego, con El Moro y los Burricos. Coque muestra en la pantalla de su teléfono los planes del club para esta primavera. Una agenda apretada que requiere un estado de forma aceptable. La IV Marcha de Santovenia ha sido un entrenamiento divertido y, sobre todo, cuesta abajo.

 

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