Javier, Sergio, el dron de Carlos y la rueda del Suzuki por los caminos de Mayorga

El campo de fútbol de Mayorga lucía este domingo el fino manto blanco que dejó la helada de la noche. A su alrededor preparaban los chicos y chicas de Runvasport los arcos de meta y el vallado. Carlos Paniagua, al mando de las operaciones, distribuía a los voluntarios en sus puestos. Se anuncia por megafonía: “Ruta larga, al llegar al puente, todo recto. Ruta corta y ruta mediana, giro a la izquierda”. Dos veces. Quads en posición, motocicletas rugiendo… un Suzuki gris de exiguo maletero, cuatro tíos y un dron. Que empiece la fiesta.

Javier

A escasos metros de la salida estaba situado el desvío que separa a los ciclistas. Javier para el coche y bajamos, un pie, la pierna, la otra pierna, pequeño salto, intentando cazar alguna foto del grupo. En un par de minutos todos han pasado y, con mayor o menor fortuna, parecen haber escogido el camino que les corresponde. Allá va Garikoitz, intentando mejorar el tiempo del año pasado en la que fue su primera marcha cronometrada. Alfonso, el más veterano, desafiando a la edad y a los glóbulos rojos que le han jugado una mala pasada estos últimos días. Aitor también vuelve a rodar en Mayorga con sus amigos. Si te fijas bien, verás pasar a Óscar Pujol, con César Mato, con Tito. 

Sergio

Alcanzamos el arco que señala el final del tramo libre, lote de productos para el primero que pase por aquí. “Aquí” tiene por los menos tres nombres diferentes, según responda el pequeño Hugo o lo haga cualquier otro de los voluntarios. Al final me quedo con lo más fácil de recordar, el camino de Valencia de Don Juan. León está ahí al lado.

Hugo ya divisa a los ciclistas. “Vienen dos por delante”, anuncia. En el inicio de esta corta cuesta de pista ancha, Roberto Sancho y Óscar Pujol marchan codo con codo. Es cuestión de tiempo que… ahí está. El golpe de pedal del profesional se impone en la cima, dos metros son suficientes para cruzar en cabeza. Después, ciclistas en pequeños grupos. 

Volvemos al Suzuki. Sergio se sienta detrás conmigo, así que le ha tocado cargar con el dron de Carlos. La única manera de llevarlo, dados su diseño y dimensiones, es de perfil. Como si de un segundo volante se tratara, Sergio maneja el aparato hacia el lugar que ha elegido Carlos.

 

Carlos

Entre bromas, anécdotas de todos los colores y buen humor, descubrimos que Carlos no tiene muy claro dónde, exactamente, vamos a hacer más fotos. Nos detenemos al lado de un pinar, “esto es La Tierruca”, asegura Carlos. Cielo abierto, pista de tierra color rojizo intenso, la seña de identidad de esta marcha. No aguantamos mucho aquí. Vamos en busca de alguna zona con repechos, “con agua”, indica nuestro guía. Comienza entonces un viaje por los caminos alrededor de Mayorga. Encinas, pinos … sobre todo, vacas. “Ahí están los toros del próximo San Fermín”, indica Sergio. Se refiere a los bultos negros imponentes, inmóviles, que divisamos por la ventanilla, la ganadería de Victoriano del Río. Pegados a la valla que delimita la extensa finca, nos adentramos por caminos estrechos en lo que, aplicación telefónica GPS en mano, debe ser el recorrido de la marcha corta. Llevamos más de treinta minutos sin ver un ciclista. A cambio, encontramos uno de los avituallamientos.

Amigos

Más voluntarios de Mayorga nos saludan al bajar, primero el dron, luego Sergio, del Suzuki. Pasan los participantes, pero son pocos los que paran aquí. A través de la animada conversación distingo, como un reflejo, la figura negra de Álvaro Pardo a punto tocar la cuneta en una curva. Eso tiene que ser la cabeza de la marcha larga, pero hay algo que no cuadra… ¿Dónde está Óscar? 

Se discute, entre risas, la capacidad de Carlos como guía. Sergio sostiene que hay que continuar por otro camino, secundado por uno de los voluntarios del avituallamiento. Javier espera, paciente. Al final alcanzamos una zona con una bajada y una subida, cerca de allí, donde Carlos puede poner en marcha, por fin, su aparato. El insecto de plástico blanco emite su zumbido sobre nuestras cabezas, pero aguanta poco en el aire. “Las baterías no duran nada”, sentencia Carlos. Aún así, consigue captar a los ciclistas en este pequeño repecho.

Un charco

La mayor parte del terreno que han recorrido los ciclistas hoy es pista, tierra dura y compacta. Como excepción y testigo de las últimas lluvias, un tramo de camino encharcado. Los primeros en aparecer son Maxi junior y su compañero. No se fían de nuestras indicaciones, “cruzad el charco por el centro, que es lo mejor”, y pasan rodeando el agua. Más difícil y no necesariamente más limpio. Ahí llega un grupo grande, con Óscar Pujol. “¿Qué haces tan atrás?” pregunto. “Aquí, disfrutando con los amigos”. Óscar tampoco se moja, prefiere bordear el charco y privarnos de la foto de la mañana.

Un clavo saca otro clavo

Hora de volver a Mayorga. Nos detenemos frente a un ciclista que avanza en sentido contrario. Ya ha terminado y anda buscando a la gente de su pueblo. Nos despedimos. Carlos saca entonces la cabeza por la ventanilla. Se baja. “¡Tienes la rueda pinchada!”, le comunica a su amigo Javier y al resto de la tripulación. A un kilómetro de la meta, imagino a Álvaro entrando en cabeza, la satisfacción de superar a un reconocido ciclista como Sancho en la cuesta arriba que conduce al polideportivo. Sergio tararea, mientras retira lo que queda de neumático. “Un clavo saca otro clavo… mira, un punta, unos 9 centímetros… tiene pinta de llevar tiempo clavada”.

Media hora después llego al polideportivo con Carlos y la hermana de Javier, que vino a rescatarnos. Se me hace muy tarde, así que no espero a Javier ni a Sergio para darles las gracias por hacerme pasar una mañana tan divertida. También se merecen el reconocimiento de todos los participantes por formar parte activa de esta IV Marcha de Mayorga. Ojalá nos veamos en la quinta edición.

 

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